martes, 17 de mayo de 2011

Estaba sentado en un costado de la estación

Estaba sentado en un costado de la estación, esperando mi tren, a que llegase para poder irme de ahí. Mis pensamientos estaban turbios y dañinos, quería que llegara ya. Había estado esperándolo un buen rato, fumando del cigarrillo del hombre que tenia al lado, escuchando la música de los pibes que estaban cerca de las rejas y el llanto de un nene encaprichado con un pájaro.
De pronto las campanas de los paso niveles sonaron, “ahí llegó” me dije y me paré de pronto con el gran peso en mi espalda. Se escuchó un sonido en el viejo parlante, solo pude distinguir un lejano “boggssques”, le pregunte a alguien que pasaba por ahí “este va para bosques ¿no?” su respuesta fue afirmativa, no tuvo la necesidad de subir los ojos para contestarme, si quiera pronunciar palabra, un simple movimiento de cabeza ya era suficiente para comunicarnos.
Me volví a sentar muy despacio, casi sin ganas, me saque la mochila, me la acomode en las piernas y la abracé, ya estaba listo para esperar. El tren a bosques se fue, haciendo miles de ruidos y dejando la plataforma de la estación casi vacía.
Del otro lado de las vías algo me llamo mucho la atención. Eran un par de personas que no estaban antes de la llegada del tren, eran muy particulares, pero no por su aspecto físico, ni por como hablaban ni como se vestían, era lo que transmitían. Esa paz y tranquilidad era muy grande, no solo se las podía ver con esa energía tan particular, también lograban contagiarla. De seguro era tan grande que no pudieron controlarla.
Me sentí en su mundo por unos minutos, estaba con ellos y ellos conmigo, nada importaba, estaba en paz con la vida.
Otra vez sonaron las campanas del paso nivel, pero el tren venia del otro lado. Llegó, estuvo un minuto y tres segundos parado cargando gente, mientras tanto mi desesperación fue fatal, ya no los vería nunca más.
El tren se los llevó y otra vez esa paz se vio devorada por la espera solitaria.

sábado, 14 de mayo de 2011

Octulio R no se identificará con la introducción.

Es increíble esta canción, aunque no tengo idea que dice la letra. Es una de esas canciones que nos pican en lo más hondo aunque no sepamos bien lo que están diciendo, pero sabemos que lo que dicen es importante para nosotros, que nos representa en casi todo.
Por ahí si buscas la letra no es lo que esperabas realmente. Puede ser mejor o peor de lo que tu imaginación pensó, pero ya no importa, la canción penetro como una bala y sabes bien que no se va a ir hasta que la escuches una y otra y otra vez.
Ahora bien, el tema que salto de mi cabeza fue (en un momento de locura pensante) “que loco que es el lenguaje, estructura nuestros pensamientos”.
 Uno piensa como habla, conoce cosas únicamente porque las sabe nombrar, ya que se las nombraron alguna vez. En alguna instancia de su crecimiento su subjetividad se vio marcada con la del otro hablante que le dijo qué era qué.
Por ejemplo, no seria lo mismo el tipo de pensamiento que podría tener una persona que, en su lengua, solo hubiera una palabra para decir “humano” que otra que en su idioma haya más de 20 maneras de nombrarlo según la situación o demás.
Pienso y escarbo en mi lógica imperfecta que me dice que si el lenguaje es nuestra estructura del pensamiento, sea cual sea nuestra lengua o la cantidad de idiomas que hablemos, ¿no estaría limitándonos en cierta forma solo por ser una estructura?
Es un tema para pensar y para eso hay que desestructurar. Pero ¿desestructurado nuestros pensamientos no entraríamos en una nueva estructura? 

martes, 10 de mayo de 2011

Mejor una pesadilla.

Es espantoso despertar de una pesadilla porque después, durante todo el día, tenes esa sensación horrible de que todo esta mal y que nada vale la pena.
Imagínense  haber  soñado una película berreta.
¿Cómo berreta? Se preguntaran, y yo les respondería, con mucho odio hacia mi mismo, que fue como una de esas películas yanquis de bajo presupuesto Hollywoodense que solo ves esos domingos deprimentes en donde la vida ya no vale y queres suicidar neuronas para no matarte a vos mismo.

Imaginen la indignación hacia mi subconsciente. Ya es más que suficiente tener que bancarse la extenuante imposición de esas películas cada vez que prendes la tele, pero ¿verla  en un sueño?, ¿a quién se le hubiera ocurrido?
Generalmente suele pasar que una persona de pronto se transforma en otra sin dejar de ser quien era, cambias el lugar en donde estás repentinamente y sin importancia, aparecen ovnis manejados por Menem o cosas así, pero esta vez fue tan diferente, era todo tan normal (tanto que para un sueño deja de serlo), tan de película, ningún personaje cambiaba de forma ni aparecían dinosaurios. No, solo fue un sueño largo sobre una comedia trucha de enredos.
Para colmo no era nada original, típica, donde una pareja se muda a un nuevo “vecindario” pero los vecinos son tan molestos que intentan librarse de ellos de cualquier manera y al final se dan cuenta de que son unas grandes personas y todos felices.
Hubiera preferido una y mil veces una pesadilla, a veces algunos males no son tan grandes como otros. Si bien te hacen sufrir un poco, son más entretenidas y creativas que un sueño así, un sueño de película.