jueves, 23 de junio de 2011

Ver...

Alguna vez les habrá pasado. Estoy convencido, no puedo ser el único en esta conciencia colectiva llamada mundo. Es más que seguro que a más de uno de nosotros nos pasó, de ver a alguien desconocido que te recuerda a otra persona que conoces muy bien, pero no en ese contexto, en ese lugar, y eso es lo que te hace dudar si es o no esa persona que vos crees. La empezas a mirar, apartas un rato la vista y pensas “pero si es ella me saludaría… ¿no?” pero en ese instante recordas que vos no la saludas por miedo a que no sea, porque estas confundido, es más que probable que pase lo mismo con esa persona a la que le buscas la verdadera identidad.
La seguís mirando, para asegurarte, con una cara de “sos vos” y ella te responde con una mirada que no sabes que dice, porque antes de verla bien apartas la vista por vergüenza o temor a que te vean como un acosador. Volves a mirarla, ahora más detalladamente, intentas recordar algún aspecto especial en la cara de la persona quién crees que es, algún lunar, el color de los ojos, pero no te acordas de tantas boludeces. Ella te vuelve a mirar, haces que miras para otro lado, ella baja la cabeza, la seguís mirando, ella mira, vos corres la cara. Y así esa danza  perpetua y pelotuda puede durar horas. De pronto el aburrimiento te come la sensatez y pensas “por ahí puede leer mi mente… ¿sos quien crees que pienso que sos?” no hay respuesta. Pero todavía no descartas la teoría de la telepatía, es probable que te lea la mente, pero que no sepa cómo responder.  Ahí gritas en general (mentalmente, está  claro) “el que lea la mente que levante la mano”. Pasa un rato y nadie la levanta. “¿cómo van a leer la mente?” te preguntas “es una gilada pensarlo. Aunque mejor no lo pienso más por si alguien se enoja”.
Ya aburrido te levantas seguro para saber si es o no quién crees que es. Te acercas unos pasos, entre 5 o 6, miras de reojo y seguís de largo. Todavía no sabes si era o no, preferiste la duda a la vergüenza.