Voy mirando el suelo, pisando hojas de otoño caídas en la calle, levanto la mirada y, con sus gestos, la gente me recuerda “ya sos grande para hacer esas cosas boludo”, dejo de pisar hojas y camino con la cabeza gacha, dándoles la razón.
Me siento y pienso “pero que pelotudo que soy”. Recuerdo todas esas cosas que hice, y las que no hice cuando tenía que haberlas hecho. Rememoro todo ese tiempo perdido mirando el infinito y pensando boludeces en lugar de pensar en lo importante. Todas esas cosas que dije, o las que me faltaron decir, me hieren... todos mis males en ese momento surgen.
Miro por la ventana tratando de encontrar otros pensamientos, pero me vencen, son más fuertes que yo.
Me pongo los auriculares y prendo el aparato. Dicen que la música calma a las fieras, pero este no resulto ser el caso, el monstruo era más fuerte.
Todas las canciones me parecen indiferentes, no entiendo las palabras, no entiendo los acordes, el ritmo no me importa, la gente no me importa, solo pienso en lo que pienso y me hago mal, me lastimo a propósito sin querer.

me gusta este post, muy real, algo q m suele pasar a menudo...
ResponderEliminarme gusta que te guste.
ResponderEliminar=)
ResponderEliminarcierto pero triste, algo para reflexionar.
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